Le he visto
un montón de veces
y en sitios diversos.
Le vi en urgencias
el domingo pasado.
Le vi en el fútbol,
en la grada norte.
Le vi por la calle,
acompañando a un anciano.
Le veo a menudo en el autobús
y también en los andenes de las estaciones.
No hace mucho le vi
en las noticias de las siete,
tras un atentado,
tenía el rostro y las manos
empapados en sangre.
Esta mañana le he vuelto a ver,
en la iglesia,
sentado en el último banco,
pero también sobre el altar,
crucificado en una cruz.
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