dijous, 4 de maig del 2017




Escribo
sobre un papel
la palabra Vértigo.
Inmediatamente después
me desplomo
y caigo al suelo.
Alguien abre la puerta
y entra en la habitación.
No logro ver su rostro.
Sé con certeza
que no es la muerte.
La vi hace años,
en un recodo de la N-344
y desde entonces
no he podido olvidar
su penetrante olor a naftalina.