El verdugo andaba echando chispas;el cabreo del hombre era tal,que aquella noche se quedó en casaen lugar de salir con sus colegasa beber cerveza.
No dejaba de preguntarse una y otra vez
porqué la guillotina se había convertido
en un sillón de masaje
y la soga de esparto en una vieja
lámpara de queroseno.
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