POEMA ONÍRICO
El corrector ortográfico transforma todo cuanto escribo.
Ayer, sin ir más lejos,
se abalanzó sobre una de mis frases
y la convirtió en un maniquí.
Esta mañana,
al despertar,
el maniquí estaba sentado junto a mi cama,
repitiendo sin cesar
la palabra LABERINTO.
Ayer, sin ir más lejos,
se abalanzó sobre una de mis frases
y la convirtió en un maniquí.
Esta mañana,
al despertar,
el maniquí estaba sentado junto a mi cama,
repitiendo sin cesar
la palabra LABERINTO.
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