dimarts, 27 de setembre del 2016

EL MATÓN
Me obliga a salir de clase.
Una vez en el patio me ordena que vuele.
Le digo que mis alas son aún demasiado pequeñas,
que tal vez dentro de unos días.
Como no soporta que le lleven la contraria,
monta en cólera y se abalanza sobre mí.
Entonces sucede lo inesperado.
El matón se da de bruces contra el suelo
y se rompe la nariz.
Nunca sabré la razón por la cual
acabo de volverme incorpóreo.