divendres, 26 d’agost del 2016

MUÑECA DIABÓLICA
Compré la muñeca en una vieja tienda de antigüedades.
No recuerdo lo que pagué por ella, pero no fue demasiado.
No medía más de treinta centímetros;
toda ella era de porcelana, a excepción del vestido,
que era de terciopelo.
La coloqué en mi habitación, sobre la cómoda.
Las dos primeras noches no sucedió nada.
Fue en la tercera, mientras llovía con intensidad,
cuando sus ojos se iluminaron y de su boca comenzaron
a brotar cientos de escarabajos.